miércoles, 5 de noviembre de 2014

Después de más de 4 años de ausencia

Después de más de 4 años de ausencia, he decidido regresar.

Dejé por un buen tiempo la escritura de lado y ahora puedo decir que el papel en blanco aparece ante mí aterrador, desafiante. Pero estoy dispuesta a asumir el desafío, aún sin saber a dónde me llevará esto.

Podría culpar a la vida estable en pareja de esta falta de creatividad literaria, de la ausencia de ese impulso interior que me llevaba antes a sentarme frente al computador para plasmar lo que fuera que mi mente estuviera cocinando, pero creo que inculpar al matrimonio sería ubicarlo en un papel de chivo expiatorio que no merece.

Por el momento les dejo unas palabras que me encontraron hace un par de días en una noche de insomnio:

Estoy hastiada de mí, de mis, al parecer, 800.000 defectos, de mis inseguridades, de mis mil formas de hacer las cosas mal porque, y así parece ser, siempre encuentro la manera de autosabotearme.

Estoy hastiada de mis ambiciones, de mis castillos de naipes, esos que me encanta armar sobre mis propias visiones de un futuro que nunca me va alcanzar porque hoy soy yo misma quien se encarga de desencajar esa carta que se encuentra en la base de la estructura... ese naipe que sostenía toda una estructura de “imposibles”… ese naipe al que hoy parezco aferrarme locamente y sí… ¡que me corten la cabeza! O, no, ni se tomen la molestia, yo solita puedo hacerlo.

Me hastía ser el foco de las expectativas de otros porque eso me convierte inmediatamente en la desilusión de sus castillos de naipes… eso me convierte en ese naipe destructor, desestabilizante. Y quizá lo sea… y lo odio, hoy lo odio.

Esperan que llame, que calle, que hable, que silencie, que los abrace, que los ignore, que opine, que sea indiferente, que mire, que me haga la loca, que sea racional, emocional, trascendental, filántropa, superficial, chistosa, seria, comprometida, controvertida, irracional, relajada... para siempre, por un momento… porque lo que importa es tener algo para siempre… o lo esencial es vivir el momento; cuidar lo que es único y la vida te regala… o dejarte llevar y vivir de forma explosiva, impulsiva. Dar un beso, mil besos, reales, imaginarios, en sueños… o no dar ningún beso porque te crees asexuado o, peor, los demás así te perciben. Poner mil barreras para que nadie se te acerque, te mire, te toque… o ser una persona permeable, sin filtro, cercana… la mujer de todos, de todas. Sentir un gran y hermoso sentimiento que te llena y te impide pensar en algo más… o sentir miles de sentires, pequeños, pero explosivos, impactantes, emocionantes… dulces y excitantes.

No importa lo que decida, el momento, el lugar, el instante de la vida… cualquier decisión siempre será insuficiente para “los expectantes de mi vida”, sea como sea lo que decida ser no bastará, no llenará, no cumplirá las expectativas de nadie… siempre hará falta un poco… solo un poco para ser perfecta, para bastarle a alguien más. ¿Entienden el ciclo vicioso?

Y si la vida se te reduce a “cumplirle a los demás”, mejor abandona. Hoy ese naipe que se lo juegue otro, hoy yo he decidido sacarlo de mi castillito de ambiciones ridículas para pasarlo al mazo de misiones abortadas. Hoy me rehúso a ser el naipe del desencanto para convertirme en la reina de corazones… ¡Y que les corten la cabeza! O, no, ni me tomo la molestia, ustedes solitos pueden hacerlo.

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